Especialización territorial

Entre otras cosas, la crisis iniciada en 2008 evidenció que la política europea de convergencia económica y reequilibrio territorial no funcionó bastante bien, por muchos fondos FEDER que se destinaran. Por el contrario, tras el espejismo de la burbuja quedó al descubierto que los países más competitivos a la hora de establecerse el euro iban manteniendo o incluso aumentado el “gap”  en relación con los que menos.

Los PIGS, desafortunado acrónimo de Portugal, Italia/Irlanda, Grecia y España, una vez que perdieron el dique de protección de sus divisas, que podían devaluar así que lo necesitaban, entraron en déficits exteriores recurrentes y fueron acumulando una deuda externo colosal hacia los países del “Norte”, que por el contrario acumulaban superávit y créditos con la confianza de que el euro les protegía de posibles sorpresas.

Seguramente por ello, y también para evitar que cada territorio quiera hacer lo mismo, como ocurría con demasiada frecuencia, la estrategia comunitaria de reequilibrio territorial para el próximo período, a comenzar en 2014 bajo el acrónimo RIS3, se sustenta en la especialización territorial inteligente; es decir, en poner en valor y potenciar las capacidades y los recursos de que dispongan los diferentes territorios.

De entrada, esto ha supuesto que todas las regiones europeas, más de 270, presenten a la UE su plan de especialización. Así Cataluña, por ejemplo, después de meses de trabajo con los diferentes agentes económicos, ha presentado sus siete ejes de especialización: agroalimentación, energía y residuos, movilidad, salud, sistemas industriales, industrias del diseño y de la experiencia.

Para algunos, demasiado ejes; para otros, todos ellos acreditan excelencia tecnológica e industrial y son muestra de una economía diversificada como pocas regiones en la UE, si bien no la única.

En todo caso, el plan general catalán (RIS3CAT) pide ahora su réplica y extensión a todo el territorio del principado. Agrupados por comarcas naturales o administrativas, los diferentes municipios deben definir, conjuntamente con los agentes sociales y económicos de su zona, su propio plan estratégico de especialización territorial.

Algunos ya han empezado, como el Maresme, bajo el liderazgo de Mataró, y el triángulo Cerdanyola, Rubí, Sant Cugat bajo el de este último municipio. Y en ambos casos, los centros tecnológicos del área son actores principales: Ascamm en el Vallés y CETEMSA el Maresme. No en vano la innovación debe ser un eje capital a la hora de determinar la especialización territorial. Desde innovación agraria y forestal, allí donde éstos sean los principales recursos, hasta los vehículos no tripulados, allí donde hay conocimiento, tecnología y base industrial para justificarlo.

Todo ello contribuye a iniciar una nueva etapa en la construcción de la UE, donde hay un consenso relativo sobre la necesidad de una especie de Plan Marshall para sustituir una política de austeridad que ha dejado anémico el continente y que ahora, cuando parecía que se recuperaba, muestra signos deflacionistas que le pueden hacer recaer en crisis . Un plan de inversiones, pues, que debe encontrar a los territorios los argumentos para definir en que hay que hacerlo para que tenga sentido.

Se trata de evitar, por ejemplo, que Cataluña quiera sustituir con un sector aeroespacial casi inexistente, el muy potente sector automovilístico; bien al contrario se trata de hacer que mantenga o aún aumente su potencia, dando respuesta a sus retos tecnológicos actuales, tales como la conducción asistida y las nuevas fuentes energéticas que deben mover los coches del futuro.

El ejemplo de HP, que ha decidido aprovechar la excelencia tecnológica en sistemas de impresión de su planta de Sant Cugat, para convertirla en su centro mundial de desarrollo de impresoras 3D, muestra cuál es el camino a seguir: aprovechar lo que uno domina para innovar y dominar nuevos mercados.

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