QWERTY

La muy poco ergonómica disposición de las teclas que los ordenadores han heredado de las primeras máquinas de escribir, cuando la mecánica era más lenta que las manos y había que entorpecer a estas para no dejar aquella en evidencia, se suele utilizar para ejemplificar los senderos por donde a menudo se pierde la innovación potencial. Por ejemplo, el sendero de la inercia. Hoy ninguna razón mecánica justifica el qwerty y sustituirlo por un orden más ergonómico, aunque fuera simplemente alfabético, permitiría aumentar hasta un 25% la velocidad de escritura; a pesar de todo, el qwerty se ha convertido en un estándar que parece ya inamovible.

¿Resistencia al cambio, siendo el qwerty un estándar fruto del cambio que supuso la máquina de escribir? Hay innovaciones de rápida adopción y otras que tardan en cuajar, que se quedan a medias o que incluso se abandonan. En paralelo, los países que más innovaciones generan y adoptan se ponen al frente del desarrollo económico y los que menos, languidecen. De hecho, la historia de la civilización humana, y de cuáles han sido las naciones que se han ido relevando y cogiendo el testigo, ha estado marcada por el ritmo de generación y adopción de innovaciones, empezando por el “secuestro” del fuego y la domesticación de vegetales y animales silvestres que facilitó la revolución neolítica.

Cierto que el ritmo de innovaciones se ha acelerado desde entonces. Una consecuencia directa de la especialización del trabajo, la aparición de investigadores y tecnólogos a dedicación exclusiva y los crecientes recursos públicos y privados destinados a I+D+i. Así pues, ni casualidad ni rasgos culturales: presupuestos. Por ello recortarlos en educación, investigación o innovación supone un suicidio; un suicidio social si son públicos y empresarial si son las empresas quienes los recortan y se olvidan de innovar.

Japón, por ejemplo, adoptó muy rápidamente las armas de fuego y poco después las arrinconó durante siglos. En paralelo, el desarrollo de Japón se alejaba del de los países más dinámicos hasta caer doblegado ante los cañones americanos. Entonces una rápida reacción y del “made ​​in Japan” como símbolo de baja calidad pasaron a liderar mundialmente sectores como la electrónica y la automoción. Tampoco nada casual: el resultado de una decidida política tecnológica e industrial, acompañada de un proteccionismo extremo en ámbitos como la alimentación.

También nuestro país perdió el tren de la innovación cuando el “inventen ellos” y “el muera la inteligencia” se impusieron. Más recientemente, entrar en la UE con una muy baja tasa de innovación y una productividad social igualmente baja supuso el encadenamiento recurrente de déficits comerciales exteriores y la acumulación de una deuda externa colosal. En vez de cañones, aquí ha sido el euro el que nos ha puesto de rodillas, al dejarnos sin el triste recurso de la devaluación y los aranceles para protegernos.

¿Sabremos reaccionar como lo hizo Japón?

De momento no está claro. El ministro de economía afirman que la competitividad y la I+D no tienen nada que ver y, como si fuera un lujo, van recortando en investigación e innovación. Hay, sin embargo, alguna señal de esperanza. Pese a los recortes en ciencia, estamos bastante bien en cuanto a producción científica mundial, y, a pesar de los aún mayores recortes en innovación, los centros tecnológicos van poniendo al servicio de la industria soluciones tecnológicas bajo patentes mundiales.

Desgraciadamente, estos resultados científicos y soluciones tecnológicas aún van a parar, mayormente, a manos de empresas foráneas que las adquieren e incorporan. Las de aquí bastante tienen con sobrevivir y tampoco cuentan con un ecosistema que facilite la incorporación de innovaciones. Es decir, empezamos a ir medio bien en cuanto a generar innovaciones pero aún no en adoptarlas; que es, en definitiva, la fase más decisiva para asegurar el desarrollo económico.

En Cataluña, el Presidente Mas declaraba hace poco días, ante miles de empresarios, que la defensa de la industria es un objetivo compartido, y por primera vez en décadas proclamaba la voluntad de hacer una verdadera política industrial sectorial. Inimaginable hace pocos años, cuando se afirmaba que la mejor política industrial es la que no existe, o cuando se declaraba que no hay sectores maduros y otros emergentes sino estrategias empresariales acertadas o no.

Ahora hay que esperar a ver si los presupuestos siguen a las declaraciones.

Los comentarios están cerrados.