Reindustrialización europea: ¿primeros síntomas?

En las convocatorias europeas de proyectos de I+D era habitual que los centros tecnológicos como Ascamm obtuvieran una alta valoración relativa al impacto económico de sus propuestas y una inferior con respecto a los retos científicos que planteaban; en consecuencia, con una UE más orientada a la ciencia que a su impacto, el ratio de éxito de las propuestas, aunque bueno, resultaba un poco decepcionante.

Este año, sin embargo, las cosas parecen haber cambiado y ahora es sorprendentemente más alta la valoración científica que la de impacto, volviéndose este segundo criterio mucho más importante y mucho más exigentes los evaluadores; en consecuencia, con una UE más orientada a reactivar la economía, el ratio de éxito de Ascamm se ha multiplicado.

Por supuesto, una muy buena noticia para Ascamm y otros centros tecnológicos europeos; pero sobre todo muy buena para la economía, porque si de verdad los proyectos de I+D comienzan a ser valorados por su impacto económico potencial, no hay duda de que este mejorará.

¿Es un primer síntoma de la deseada reindustrialización europea? Parecería que sí. Parecería que la UE empieza a estar verdaderamente preocupada por la muy baja conversión de los resultados de la I+D en puestos de trabajo y que se dispone a poner remedio.

Es bien cierto que no todo el progreso científico viene inmediatamente acompañado de uno económico y que apoyar exclusivamente a la I+D de aplicación inmediata podría llegar a secar las fuentes que emanan de la ciencia fundamental; por tanto, la priorización económica es muy bienvenida mientras que no sea absoluta. De lo que se trata, en Bruselas tanto como en Cataluña, es de encontrar un buen balance entre una cosa y otra.

En todo caso, el riesgo de secar la investigación fundamental es aún lejano y hoy toca celebrar el apoyo, por fin, a la más aplicada. Y que nadie se equivoque; investigación aplicada no supone resolver problemas industriales seculares sino verdaderos retos disruptivos como incorporar electrónica a la inyección de plásticos o poner a trabajar al mismo tiempo vehículos no tripulados terrestres con unos de aéreos.

Ahora hace falta que también en Cataluña se empiece a dotar a la innovación con los recursos que sólo se dota la ciencia y que esto atraiga a las empresas hacia la única estrategia competitiva duradera; es decir, hacia la innovación, la productividad y la mejora continuada de prestaciones de los productos y servicios. En otro caso, la apuesta europea por la innovación alejará aún más nuestras empresas de las punteras, aumentando en vez de reduciendo nuestro “gap”.

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